Itinerario por Campoo - 1859

De TorresQuevedo
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De "Viajes de un colombiano en Europa", por José María Samper (1859)

Alar-del-Rey es un caserío insignificante de por sí. Toda su importancia le viene de la cabeza del canal de Castilla y la estación de la primera sección del ferrocarril que conduce á Santander. Tomé inmediatamente el tren, que hizo en dos horas el trayecto hasta _Reinosa_, de 51 kilómetros, tocando en cinco pueblos intermedios sin interes ninguno. En Alar terminaron las llanuras de la Vieja Castilla, limitadas por los primeros estribos de las montañas que continúan los Pirineos, llamadas «montañas de Búrgos» y tambien «montes de Reinosa.»

El suelo es desde aquel punto sumamente variado y pintoresco, sembrado de verdes y redondas colinas, y surcado de numerosos riachuelos cristalinos á cuyas orillas hay un cultivo esmerado. Arriba se ven las altas cimas montuosas y los picachos graníticos de un aspecto majestuoso, y mas altas aún se ostentan las lejanas eminencias de la cordillera coronadas de nieves perpetuas.

Aquella comarca, de suelo suavemente ascendente y entrecortada por bajos cerros, es en extremo curiosa como elemento determinante de dos sistemas hidrográficos. Los estribos de la cordillera se bifurcan y entrecruzan tomando formas particulares que corresponden á cierta lógica de inclinacion y giro, como si se buscasen mutuamente para componer una cadena secundaria destinada á ser la generatriz maravillosa de todo el singular sistema orográfico de la península. Los risueños vallecitos se multiplican, sucediéndose en giros tortuosos y ascendentes, y al cabo el ferrocarril atraviesa el cordon de colinas ó cerros que média entre las aguas que se inclinan hacia Castilla, recogidas por el Pisuerga, y las que se dirigen en sentido casi opuesto buscando los valles del Ebro para ir á formar la base hidrográfica de los antiguos reinos de Navarra y Aragon y del principado de Cataluña.

Nada mas risueño, mas poético y pintoresco que aquellos vallecitos regados por el Ebro casi en sus fuentes, surcados de arroyos cristalinos que forman á veces miniaturas de lagos, poblados de lindos grupos de álamos, encinas y sáuces, y cubiertos de graciosas sementeras que hacen un juego encantador con las casitas rústicas, las verdes praderitas y las colinas de planos inclinados. El ferrocarril salva el Ebro varias veces por sólidos y elegantes puentes de hierro, y termina su primera seccion en Reinosa, pueblo de 2,900 habitantes graciosamente situado en el fondo de una llanura, casi al pié de los altos contrafuertes de la cordillera, y á menos de tres kilómetros del origen del Ebro. Reinosa debe su importancia no solo al hecho de ser el punto de escala para el comercio muy considerable de harinas, vinos, aguardientes y trigos entre Santander y el interior de Castilla, sino tambien á su abundante produccion propia en cereales, maderas y crias de ganados.

En Reinosa habia que tomar de nuevo la diligencia para ir hasta Corrales, punto del valle marítimo del rio Besaya donde comenzaba la segunda sección del ferrocarril. Toda la parte intermediaria estaba en construcción, trabajando simultáneamente muchísimos obreros en mejorar la carretera y preparar la via del ferrocarril. No he visto jamas (ni en Suiza, el país de lo pintoresco por excelencia) un paisaje tan animado, tan gracioso é interesante como el que pude observar en todo el trayecto de Reinosa á Corrales, no ménos instructivo que agradable.

Casi al salir de Reinosa comienza un admirable laberinto de colinas y cerros de encanto sin igual, que se destacan ya abruptos, ya redondos, ya en planos inclinados, produciendo una infinidad de quiebras ó profundas ramblas por cuyas faldas y honduras va caracoleando la carretera, llevando al viajero de sorpresa en sorpresa. A cada vuelta ó revuelta cree uno imposible hallar paso por en medio de tan complicadas montañas que tienen el aspecto mas risueño. Donde quiera colinas verdes, relucientes y frescas, pobladas en sus cimas de tupidos bosques de encinas enanas, y en el resto de rústicas casitas y alegres sementeras de variadas tintas. Donde quiera abismos de verdura y vallecitos microscópicos donde murmura algun arroyuelo saltador. La vida campestre aparece en aquellos parajes con toda su dulce sencillez, su apacible alegría y su poética variedad de armonías.

Al cabo la via llega al punto culminante en las montañas, produciéndose allí una doble inclinacion de faldas montuosas, cuyas aguas giran en opuesto sentido. Las unas se inclinan al oriente en busca del Ebro; las otras concurren á formar el lindo rio Besaya, centro del pequeño valle marítimo de Santander. El aspecto de la hoya del Besaya era riquísimo de colorido y vitalidad. Un país enteramente distinto de cuantos habia recorrido en España, y particularmente en Castilla, se ofrecia á mi contemplación. En vez del abandono y la incuria, de la holgazanería, el servilismo del hábito, la imprevision y los usos frailescos, veia la animacion del trabajo, el gusto avanzado en las construcciones, el esmero en el cultivo, la pulcritud en todo, la alegría en los semblantes y los vestidos, el amor á las flores manifiesto en graciosos jardincitos, la vida expansiva en todas sus formas campestres.

El Besaya, que al principio no es sino un bello torrente, corre en lo general por una hoya tan estrecha hasta Corrales, que su latitud média no excede de unos 80 ó 100 metros. Por la una márgen gira la carretera, y por la otra el ferrocarril en construccion, hasta un punto donde se cruzan salvando el rio para trocar las bases de su curso. El rio corre por un lecho profundo y sumamente pedregoso, y las dos vias, talladas ámbas en la roca viva á alturas muy considerables y sostenidas por enormes baluartes, dominan donde quiera un abismo y están dominadas por las moles paralelas de los altos cerros, de formacion caliza, granítica y de arenisca petrificada en partes, y en otras compuestos de aglomeraciones esquistosas. De trecho en trecho se destacan peñascos colosales ó picachos abruptos, ó bien se producen altísimas murallas tajadas verticalmente, donde se ven con mucho interes, ora las grandes vetas brillantes y azulosas de las rocas graníticas, ora las severas estratificaciones de los sedimentos de caliza y arenisca, ó los complicados relieves de pizarra ó rocas esquistosas,--ora, en fin, los verdes festones de lianas y helechos descolgándose sobre los abismos, ó los lucientes matorrales de encinas enanas que vegetan en las sinuosidades de los cerros, flotando al viento como si se desprendiesen de las rocas para volar sobre las ondas espumantes del riachuelo.

El Besaya, sucesivamente engrosado por numerosos arroyuelos y torrentes, es de un capricho encantador. Unas veces, sumamente estrechado en su curso por las paredes de la rambla, salta y se retuerce sobre un lecho de grandes rocas, precipitándose en cien cascadas eslabonadas y produciendo mil ecos sonoros. Otras, ensanchándose el abra para producir los mas preciosos vallecitos, el rio murmura dulcemente sobre un lecho de guijarros de colores, entre hileras de álamos blancos y árboles frutales, regando risueñas praderitas y sementeras, en cuyo fondo se destacan sobre ondulantes planos inclinados las casas pintorescas de los campesinos. Tan presto recibe el rio brillantes cascaditas, que brincan de lo alto de las rocas laterales en uno ó mas escalones, ó descienden en hilos perpendiculares por los muros tajados, como se bifurca en canales artificiales cuyas aguas dan impulso á numerosos molinos atrevidamente construidos sobre los abismos que dominan el cauce.

Un interminable cordon de carros cargados de harina y trigo, ó mercancías extranjeras, tirados por yuntas de bueyes, le daba grande animacion á la carretera; miéntras que en el lado opuesto se veían los escombros de las rocas voladas por la mina, y los numerosos obreros trabajando en las alturas abruptas en la nivelacion del terreno, la apertura de muchos túneles y el establecimiento de algunos rieles. Aquel doble movimiento comercial é industrial armonizaba perfectamente con la actividad de los molinos, las escenas agrícolas y el aspecto de las muchas pequenas poblaciones situadas en la márgen izquierda del rio. Dondequiera veia las gentes trabajando: los hombres como carreteros y en otras duras faenas; las mujeres conduciendo el arado, desyerbando ó aporcando las sementeras de hortalizas; los chicos cuidando de algunos pequeños rebaños; las buenas viejas hilando bajo el umbral de sus casitas ó en el fondo de un jardín. El trabajo de las mujeres en la agricultura es muy raro en la mayor parte de España, pero muy común ó habitual en las provincias vascongadas, Navarra y sus asimilables. La de Santander, que siempre ha figurado como accesoria del reino de Castilla, y que lo es por la lengua, pertenece en realidad á un sistema etnográfico de transicion, como intermediario del país vasco y el castellano. Sea por razon de la topografía, sea por otras causas Santander es una provincia mas semejante por su aspecto general á las vascongadas que á las de Castilla.

Desde luego, en la hoya del Besaya no se ve un solo mendigo, ningun ser inútil, nada que indique miseria. Allí todo sonrie, denotando un modesto bienestar, y cada pueblo es un enjambre de casas graciosamente rodeadas de huertos y jardines; con gentes bien vestidas, de bella raza, de fisonomías francas, risueñas, inteligentes y amables que brindan robustez y contento. Si la lengua y muchos rasgos de costumbres no mantuviesen la unidad, podría decirse que al entrar á la provincia de Santander se sale de la España gótica ó castellana. Evidentemente los Pirineos han determinado profundas diferencias, que la proximidad del Océano, al occidente, contribuye á fortificar.

En Corrales volví á tomar el tren del ferrocarril, despues de un trayecto de 49 kilómetros entre ese punto y Reinosa, faltándome otro de 33 para llegar á Santander. Toda esa via, cuya longitud total desde Alar es de 133 kilómetros, ha sido emprendida por una compañía anónima de capitalistas de Santander, estimulados por el interes de la industria y el comercio, que no han necesitado del auxilio extranjero en lo relativo á fondos. Y sin embargo, la obra no costará ménos de seis millones de pesos en su totalidad. Ella, como esfuerzo progresista y como obra de ingeniatura, es una de las mas bellas que pueden hacer honor al espíritu industrial moderno. Es realmente asombroso el establecimiento de un ferrocarril en medio de aquel laberinto de montañas, de tan fuerte inclinación y corto trecho relativamente, donde el arte ha tenido que vencer obstáculos formidables, trazando la via sobre los abismos en el seno de rocas estupendas, multiplicando túneles y puentes y dominando la naturaleza con el poder sublime de la ciencia secundada por el arte y el dinero. Yo querría poder traer allí á los colombianos que creen que los Andes los han condenado á la inmobilidad, y decirles: «Ved los prodigios que realiza la ingeniatura cuando la apoyan el dinero y una voluntad firme y perseverante.»