Transbordadores

De TorresQuevedo
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Transbordadores aéreos

El interés de Torres Quevedo por los transbordadores, funiculares o teleféricos comenzó muy pronto, cuando fijó su residencia en su pueblo natal, en la casa de Doña Jimena. En Molledo, junto a esa casa, construyó en 1887 su primer transbordador. Salvando un desnivel de unos 40 metros, y con 200 metros de longitud, empleaba como tracción animal una pareja de vacas y una silla a modo de barquilla.

Este experimento fue la base para la solicitud de su primera patente: "Un sistema de camino funicular aéreo de alambres" (patente 7348 de 17/9/1887). Lograba un coeficiente de seguridad que lo hacía apto para el transporte de personas y no solo de materiales. Posteriormente construyó el denominado Transbordador del río León, de mayor envergadura, ya con motor, que siguió siendo utilizado exclusivamente para transporte de materiales, no de personas.

En 1890 presenta su transbordador en Suiza, donde ya se utilizaban los funiculares para el transporte de bultos, debido a su particular orografía. Pero el proyecto de Torres Quevedo es rechazado, permitiéndose la prensa suiza ciertos comentarios irónicos.

Torres Quevedo construye el primer transbordador apto para el transporte público de personas, y lo instala en el Monte Ulía de San Sebastián. Inaugurado el 30 de septiembre de 1907, este transbordador desapareció en 1912, cuando el parque de atracciones del Igeldo desplaza al Ulia en las preferencias de los visitantes de Donostia-San Sebastián.

El problema de la seguridad estaba solucionado con un ingenioso sistema múltiple de cables-soporte, sustituyendo los anclajes de un extremo por contrapesos. El diseño resultante era muy robusto, resistiendo perfectamente la ruptura de uno de los cables de soporte. La ejecución del proyecto corrió a cargo de la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería, de Bilbao, que construyó con éxito otros transbordadores en otros lugares: Chamonix, Río de Janeiro, etcétera.


Spanish Aerocar
Transbordador Spanish Aerocar, en el Niágara

Pero es sin duda el Spanish Aerocar en las cataratas del Niágara, en Canadá el que le ha dado la mayor fama en esta área de actividad, aunque desde un punto de vista científico no sea la más importante. El transbordador de 580 metros de longitud es un funicular aéreo que une dos puntos de la orilla canadiense, en el lugar donde se produce un gigantesco remolino (whirlpool). Se construyó entre 1914 y 1916 siendo un proyecto español de principio a final: ideado por un español, construido en Bilbao por una empresa española con capital español (The Niágara Spanish Aerocar Co. Limited), y basado en una patente española denominada "Enganche y freno automáticos para transbordadores aéreos" (patente 59627 de 22/1/1915)

Una placa de bronce, situada sobre un monolito a la entrada de la estación de acceso recuerda este hecho: Transbordador aéreo español del Niágara. Leonardo Torres Quevedo (1852-1936). Se efectuaron las primeras pruebas el 15 de febrero de 1916, inaugurándose oficialmente el 8 de agosto de 1916. El transbordador, con pequeñas modificaciones, sigue en activo hoy día, sin ningún accidente digno de mención. Es un atractivo turístico y cinematográfico de gran popularidad.

Historia del Spanish Aerocar

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